10 Jun 2015

Reseña Histórica

La Base Aérea "Capitán Germán Olano", recordada siempre como Base Aérea de Palanquero, hoy Comando Aéreo de Combate No. 1, ha escrito y seguirá escribiendo con tinta indeleble, páginas de gloria para la Institución armada y grandeza para Colombia. Es por ello grato poder llegar a todos los rincones de Colombia y del mundo a través de esta página virtual y contar su historia, llena de coraje, virtudes, intrepidez y sacrificio para muchos de sus valerosos hombres.

En pleno conflicto con Perú, aquel amanecer del 1 de septiembre de 1932, toma fuerza la creación de una Base Aérea en un punto estratégico, que por su posición geográfica fuera un faro imponente en el centro de la nación; entre llanuras, montañas y ríos, para que el rugir de los motores y destellos de las luces de las aeronaves, se hiciera sentir en el corazón de todos los colombianos. Ya que para ese entonces, Palanquero, esa inmensa hacienda casi selvática cubierta de maleza y bañada por la afluencia del extenso e imponente Río Magdalena; había sido adquirida y transformada por la empresa colombo-alemana Scadta, para operar la empresa de aviación a finales de 1919.

La compañía comercial, con sus jóvenes pilotos alemanes, al mando del aviador Herbert Boy, en un gesto de buena voluntad y entusiasmo, contribuyeron con sus aeronaves participando en el conflicto fronterizo en el sur del país, situación que obliga al Gobierno a entrenar aceleradamente a sus pilotos militares. La actividad aérea desplegada en la frontera a razón de la guerra, apoyada por Scadta desde Palanquero, trajo el rápido interés del Gobierno en construir una base militar. Como documento jurídico para tal circunstancia, ya existía el decreto No. 357 firmado por el presidente Marco Fidel Suárez, el 11 de marzo de 1920; que organizaba la aviación y propiciaba los pasos iniciales para la construcción de los primeros aeropuertos, razón por la cual, Scadta se hizo a los terrenos donde con el tiempo iría a quedar Palanquero.

La casa flotante anclara a orillas del Magdalena, para alojar las tripulaciones y la corta pista trazada sobre la planada de los potreros de la hacienda, son puntos estratégicos que inician su transformación, en cuarteles y hangares, con el diseño de la arquitectura alemana. Algo más de un año después, la estructura metálica de los hangares, el trazado de la pista, la plataforma de concreto a orillas del río y las angostas avenidas sembradas de árboles de Anacardiáceas, se tornan en un monumento a la sabiduría del hombre y la grandeza del poder aéreo. El 27 de agosto de 1933, un bello día que en horas de la mañana, con una temperatura que rayaba los 110 grados Fahrenheit y bajo la intensidad de un cielo azul, adornado en el horizonte por el buitre de América, se siente el vibrante rugir de 45 aviones, que con la velocidad de sus hélices del Junker, el K-43, Ju-52 Osprey, Hamilton y el Hawks, muestran sobre los cielos el armonioso equilibrio de sus planos correctamente alineadas, haciendo palpitar el corazón de los privilegiados concurrentes, entre ellos, la presencia de la primera magistratura de la nación, el doctor Enrique Olaya Herrera.

Fue un momento sublime donde se escucharon gritos de admiración y sórdidos aplausos; los periodistas, con sus grandes cámaras, buscaban el mejor ángulo, para exponer en una primera página como la de El Tiempo, que el lunes 28 tituló: "La revista de Palanquero constituye una importante demostración de poderío aéreo", y complementa con una frase del presidente: "Este día y este acto han de ser un símbolo en los destinos de la nación". La vieja estructura de la base, ya conocida como Germán Olano, en honor a ese héroe de nuestra Fuerza Aérea, se viste de gala. Palanquero comienza a vivir una nueva filosofía en el corazón de todos y cada uno de sus miembros. Cada hombre analiza la responsabilidad que tiene con su patria, con su institución y consigo mismo.

El viejo piloto que pensaba dos o más veces las decisiones, pasó a la historia; hoy, sólo puede pensar una vez y bien. Volar a Mach 2.0 es un desafío a las leyes de la naturaleza, es un reto del hombre a las fuerzas del universo, es una proeza que sólo volar y el estudio constante y consciente puede lograr. Las poblaciones vecinas a la Base, La Dorada y Puerto Salgar, acostumbradas a ver la lenta velocidad de los aviones T-33 y el suave sonido de sus turbinas, sienten de repente un cambio inesperado. La vibración de la post combustión y el estampido producido por la onda de choque al romper la barrera del sonido, desconcierta a los habitantes del Magdalena Medio. Las viejas porcelanas de loza china traídas a la región, de contrabando, por vendedores ambulantes de la época de oro de nuestra navegación fluvial, comienzan a agrietarse; las vacas merman su producción por el nerviosismo bovino, las granjas reducen la cantidad de huevos por el estrés avícola que genera el fuerte rugido de los motores del M5. Todo no fue más que el fenómeno propio de un cambio, de la aceptación a ese cambio.

Durante la década de los 80, en desarrollo de un proceso de planeación estratégica integral y dentro del marco de una gran misión y visión, por el gobierno y la Fuerza Aérea, se adquiere un equipo que vincula nuestra aviación de combate a la llamada tercera generación. Es así como ese esfuerzo se refleja en la infraestructura de Palanquero, centralizada en el Grupo Técnico que es parte de la nueva infraestructura organizacional de los Comandos Aéreos de Combate que comienza en 1989 a desarrollar las teorías de la producción aeronáutica, mantenimiento y abastecimiento. En este año llegan los aviones Kfir, comprados al gobierno de Israel, bajo el programa Shibolet, que de inmediato comienzan a operar. Algunos de estos aviones llegan modernizados (tercera generación) y otros a cargo del Escuadrón de Mantenimiento son adecuados, basados en una programación que funcionaría paralelamente con los de los M5 a mediano plazo, donde la electrónica y la sistematización son el soporte de una efectiva aviación de combate, cuyos alcances más significativos son el reabastecimiento en vuelo, la entrega de armas en forma automática, el control de precisión a través de un moderno sistema de navegación y mejor maniobrabilidad.

Finales del siglo XX Nuestro espacio aéreo se ve adornado por la acrobacia, vuelo de formación y misiones estratégicas. Desde las silenciosas noches con un claro de luna, pasando por los 42 o 43 grados centígrados en la tarde, que nos brindan con profesionalismo nuestros aguerridos pilotos de combate en los diferentes equipos: helicópteros, T-37, AC-47T, M5 y KFir C-7, apoyados desde tierra por esa estructura tecnológica administrativa compuesta por hombres y mujeres profesionales de diferentes especialidades, con rangos militares y categorías civiles, quienes cumplen con una labor silenciosa pero eficaz en un laboratorio, con ardua y fatigante labor de hangar, de planeación estratégica en su ciberespacio llamado oficina; para tener la satisfacción del deber cumplido hacia su Institución y su Patria. Nuevo Milenio La ciencia y la tecnología son la base para vivir en este siglo, dentro del desarrollo de la Base de Palanquero. La iniciativa y creatividad de sus integrantes ha sorprendido a propios y extraños; con la creación de bancos, realizando modificaciones, por lo que la FAC ha logrado liberarse en gran medida de la dependencia de los países de alto desarrollo tecnológico, constituyéndose esta capacidad, en una ventaja estratégica. A mediados de 2002, Palanquero termina la construcción del Banco de Control de Pruebas y Reglajes universal y numérico, o Banco Polivalente, primera versión en América Latina.

Esta estructura manejada con tarjetas electrónicas, es adaptable para las pruebas de varios tipos de motores a reacción, con sólo la implementación de un nuevo software de acuerdo a las características del motor a probar. Su versatilidad por la alta tecnología allí consolidada, aumenta la capacidad para llevar a cabo operaciones que requieren actividad mental, con gran rapidez y precisión, en la delicada tarea de las pruebas de las turbinas de nuestros aviones a reacción; por lo que ha sido puesto al servicio en primera instancia para los turbo-reactores J79 y ATAR 09C. Al llegar al final de esta reseña y hacer un alto en el camino, cuando han transcurrido más de 70 años de existencia de Palanquero, lo que en cada aniversario ha sido un día de reflexión para los hombres de la Unidad; porque van dejando huellas, acumulando sabiduría y forjando historias.

Aquí llega el momento en que cada militar debe preguntarse: ¿qué he hecho por mi Patria?, ¿qué estoy haciendo por mi Institución?, qué orgulloso me siento de ser colombiano y haber dedicado un instante de mi vida a Palanquero. En 1933, el capitán Ernesto Buenaventura G. toma el mando como primer comandante; hoy, más de 45 comandantes después. Son ellos los artífices de la historia de Palanquero, por lo que cada uno de estos hombres ha sentido que su corazón de emoción brota. Al luchar por la paz de Colombia y en la defensa de su soberanía, sin experimentar el sabor de la derrota.

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